EL NUEVO OPIO DEL PUEBLO


EL NUEVO OPIO DEL PUEBLO
Alots Gezuraga

Escribió un insigne alemán que “la religión es el opio del pueblo”, hoy no es así, al menos no lo es mayoritariamente. Hoy, el lugar de la religión, lo han ocupado los partidos políticos y las elecciones. El pueblo ha quedado adormilado por algo a lo que han llamado pomposamente “democracia de partidos o partidocracia” y descansa su poder en el sueño de los justos. En este modelo de gobernación, no hay problema que no se pueda resolver “dialogando hasta el amanecer” o “seduciendo al contrario”, siempre y cuando se renuncie previamente a la violencia, en realidad se refieren a la “violencia armada” de los pueblos sometidos, pues un Estado sin violencia o la política sin violencia es como un bocadillo sin pan: algo imposible.

La cuestión es quién marca el campo y las reglas de juego. En democracia, todos los sujetos políticos deben de aceptar las reglas de juego previo paso a comenzar las elecciones. Es decir, para que el sistema no sea una imposición encubierta, los participantes deben de poder elegir participar o no, en caso de no ponerse de acuerdo, cada cual debe de poder seguir su camino, sería el derecho de autodeterminación de los pueblos equivalente al derecho de autodefensa de los individuos, es decir, es el primer derecho, un derecho inalienable, no discutible e inherente a todos los pueblos, su negación es sinónimo de totalitarismo, de falta de libertad, de inexistencia de democracia.

Cuando un pueblo participa en unas elecciones junto a otro pueblo el cual le niega el derecho de autodeterminación: está cavando su tumba. Sólo es cuestión de tiempo que el pueblo capaz de ejercer una mayor violencia o fuerza (el pueblo imperialista y/o su gobierno), termine exterminando al pueblo que intenta someter violentamente a su voluntad (el pueblo colonizado), pues esta situación de negación del derecho de autodeterminación de un pueblo a otro -o derecho de autodefensa-, sólo es posible cuando se da una invasión y un control militar imperialista previo.

En nuestro caso, el proyecto inconcluso de una España de españoles y no de naciones invadidas y sometidas a la corona común castellano-aragonesa, es un proyecto reciente en el tiempo pues sólo tiene dos siglos, pero, tras cobrarse sus primeras víctimas (como el pueblo andalusí o el aragonés), sigue como una apisonadora por encima del Derecho Internacional de la ONU, el cual, tras la sentencia del 15 de julio del 2010 de la Haya, no define el sujeto del derecho de autodeterminación más que cómo cualquier pueblo que se haga valer ante su equivalente imperialista, es decir, ante la violencia imperialista, todo pueblo tiene derecho a su autodefensa hoy y ahora.

Si lo aplicamos a nuestro pueblo, el pueblo baskón está sometido desde la invasión militar de nuestro Estado, Nabarra, al ejército español y francés, detrás del que se parapetan todos los “demócratas” españoles y franceses, pacifistas de boquilla y ejemplo de la violencia del hombre sobre el hombre (“homo homine lupus”).
El caso español es mejor ejemplo actual de un pueblo imperialista o de la rapiña a que el ser humano es capaz de someter a sus congéneres. Desde sus orígenes en las montañas asturianas, el imperialismo español nunca ha parado jamás de atacar a cualquier pueblo que pudiera someter, sus presas, nunca fueron liberadas más que por su propia fuerza –autodefensa/autodeterminación- mientras su poder o fuerza fue suficiente para salir de las fauces de los voraces “conejos”, etimología hermenéutica de la voz cartaginesa “hispano-español” (http://es.wikipedia.org/wiki/Hispania). Los baskones, tras ser conquistados en diferentes etapas, estamos siendo sometidos a una presión brutal, a veces más explícita - como durante la propia conquista, las diferentes guerras forales, alzamientos uninacionales y sus posteriores dictaduras- y otras camufladas tras nombres vacíos de su ser real, me refiero, claro está, a las “elecciones democráticas”.

Para que unas elecciones fueran democráticas en nuestras tierras, se necesitaría primero que los ejércitos imperialistas saliesen de nuestras tierras, pues en caso contrario, ¿qué podríamos decidir ante semejante amenaza militar?¿se puede “pactar” con alguien armado hasta los dientes con la palabra?. Lo segundo sería la creación de un gobierno provisional nacional que coordinase esas elecciones, quienes participan y en qué condiciones, y, finalmente, participarían en esas elecciones todos los nacionales y los inmigrantes que cumplieran las condiciones marcadas por ese gobierno provisional, como en cualquier elección democrática del mundo, ¿aceptarían los españoles que los franceses pusieran sus urnas, llenaran España de sus nacionales y dijesen que es un sistema democrático en el que todos tienen derecho a votar y que luego se sometería esa voluntad a la del “conjunto de franceses”? ¿Por qué debemos de aceptarlo nosotros?

Pero de hecho lo hacemos (al menos una mayoría), aceptamos con una naturalidad pasmosa que los conejos o españoles manden en nuestra tierra y de forma “pacífica” mediante el paripé electoral, en el cual nunca se va a decidir lo verdaderamente importante: la soberanía de nuestras tierras invadidas por ellos, la soberanía han decidido ellos, por la violencia de las armas, que es española-francesa (en todos los aspectos: económicos, religiosos, deportivos, administrativos, jurídicos etc. y por su puesto, en cualquier decisión política de relevancia).

Participar en una elecciones bajo el totalitarismo imperialista, sólo es explicable desde el opio electoral, desde ese espejismo de democracia con el que se viste el totalitarismo moderno en colaboración de los escogidos “misioneros” entre los naturales, aquellos que “nos convencen”, elección tras elección y a cambio de 30 euros el voto (pago a cobrar del imperialismo), que lo mejor es participar, pues en caso contrario, mandarían los imperialistas, auténtico dislate de argumento para una administración “autonómica” y municipal sin poder ejecutivo real (ni siquiera leyes económicas importantes) e incapaz siquiera de ejercer el antiguo “pase foral” o “derecho de sobrecarta”, una “autonomía” concedida por el rey que eligió y puso el anterior dictador.

El opio obnubila cada 4 años a nuestro pueblo, lo debilita, lo divide en partidos y subpartidos, lo desvía del objetivo primero y único para nuestro pueblo que es LA LIBERTAD, reconduciendo todas sus energías hacia objetivos menores, secundarios, alejados del camino a tomar: lo lleva hacia diferentes administraciones españolas-francesas, hacia diferentes estatutos o leyes concedidas que como vienen se van, en definitiva: reconducen nuestras fuerzas a ayudar al gobierno español-francés a controlar el territorio y al pueblo baskón.

No es que un Estado propio garantice la libertad, pero es un estadio necesario, pues sólo un Estado nacional garantiza la supervivencia de un pueblo, es el pueblo el que ejerciendo permanentemente su poder el que garantiza su libertad frente a su gobierno, que si es un gobierno nacido del propio pueblo, es el pueblo el único culpable de que sea o no democrático, pero cuando es un gobierno aupado por un ejército extranjero, entonces, siempre será un gobierno dictador del que el pueblo sojuzgado queda eximido de culpa, pues por muy moderno que sea el totalitarismo, en esencia y en la práctica, no se separa un milímetro de una dictadura.

La exigencia de nuestro pueblo hacia nuestro gobierno, ha de ser la de no participar en un modelo de Estado que no garantice nuestro derecho de autodeterminación, es decir, que ante una agresión del pueblo o gobierno español-francés, los baskones podamos defendernos, derecho de autodefensa o autodeterminación con las medidas de fuerza que equilibren de nuevo la balanza. Mientras ese equilibrio no sea posible, participar en unas elecciones donde sólo podemos perder o administrar lo que nos dejen, es políticamente un grave error y estratégicamente imperdonable como quedará demostrado en la historia de este país si es que sobrevive, es decir, si vuelve a tener su Estado y puede escribir su propia historia sin ingerencias imperialistas. Pero, si tenemos fuerza suficiente para defendernos de los imperialistas, ¿quién quiere seguir siendo su víctima?

Una pequeña porción del pueblo español ha salido a la calle en estas elecciones a pedir “verdadera democracia”, su fuerza es tan débil y tan precaria –física e ideológicamente-, ¡que el mismo gobierno le ha pedido el voto!: ni el pueblo español entiende lo que es la democracia (le pide a su gobierno y no se lo impone), ni su gobierno entiende que está para servir al pueblo y no para pedirle su voto y luego hacer lo que quiera (300 corruptos se han vuelto a presentar en estas elecciones), ni siquiera ha habido un político que se haya molestado en incorporar las peticiones de los acampados y concentrados a sus planes de gobierno, ¿para qué?, no se sienten obligados por el pueblo español, conejil y servil como es.

Alguien preguntará entonces qué proponemos, ya lo hemos dicho, crear un gobierno de concentración nacional que sea el que imponga las elecciones previas a liberar nuestro Estado, el cual se tendrá que organizar democráticamente según el derecho pirenaico, de abajo arriba, es decir, un gobierno al servicio de la libertad de su pueblo que lo sostiene y vigila permanentemente.