ES EL MOMENTO DE NUESTRO I+D+i POLÍTICO

ES EL MOMENTO DE NUESTRO I+D+i POLÍTICO
Alots Gezuraga

Ya podemos afirmar que el año 2012 marcará un antes y un después. El movimiento nafarzale ha despegado. “Nabarra, Estatu Mugimendua” es una bola de nieve imparable que se ha convertido en un movimiento de masas. Cuando apenas hemos superado la mitad del año 2012 –y aún quedan importantes acontecimientos-, el baño ideológico al imperialismo en la conmemoración de la conquista de 1512 ha sido descomunal y el pueblo lo ha acogido con efusividad.

20.000 nabarros se manifestaron en junio en un acto organizado por Nafarroa Bizirik!. En realidad, actos como éste, son fruto de un árbol que ha germinado tras años de trabajo a modo de libros, seminarios, charlas, salidas de fin de semana a nuestros castillos etc., pero sobre todo, tras muchas horas de conversación y aprendizaje, siempre desde la modestia y un imprescindible sentimiento patriótico. De la semilla germinada ha salido un árbol joven en apariencia pero de fuertes raíces históricas (pasadas, presentes y futuras), por lo que sus ramas serán frondosas y darán, sin duda, buena sombra.

Pero en breve, un nubarrón volverá sobre los cielos nabarros sin remedio. Aunque tras la tormenta, el árbol será más robusto con el agua caída, pues un pueblo que es conocedor de su historia: es difícil de engañar. De ahí la importancia de conocer bien nuestra historia o de donde venimos, pues de ello se deriva lo que somos y nos da una idea de lo que podemos volver a ser (izan direlako gara, garelako izango dira).
La tormenta que se avecina es la pérdida de tiempo (y lo que es peor, de ilusión) a la que estamos avocados los nabarros cada dos años aproximadamente y que quema muchas energías inútilmente (trabajar para nada es lo que más cansa), todo por no entender lo básico en la política de este país y que es ideológicamente la mayor aportación del movimiento nafarzale: somos un Estado ocupado.

El político que NO tenga claro este hecho de vital importancia: NO tiene un futuro para nuestro país, y si lo tiene claro: ¿Cómo se van a organizar votaciones democráticas en un país militarmente ocupado? Ser consciente de que somos un Estado y una nación militarmente ocupada, cambia toda la estrategia política de este pueblo, desmonta muchos mitos y siglos de “síndrome del colonizado” que nos han ido conduciendo al actual aparente camino sin salida.
Sin embargo, los partidos políticos del nacionalismo vasco, declaran que su principal objetivo es democratizar el imperialismo (el único que manifiestan tener actualmente) y hacia el cual están dedicando -desde hace décadas los unos y desde hace meses los otros-, toda su estrategia política, para ello llevan a la metrópoli una y otra vez proyectos que permitan “encajarnos” en el entramado administrativo-policial del imperialismo (el Plan Ibarretxe o el Estatut, por citar los intentos más recientes).

Es un ejemplo de ello el actual “proyecto político” de ERC y de Amaiur, hecho público el 29 de junio de este año 2012: "Esta proposición pretende situar al Estado español a la altura de las democracias más maduras" (…) "remediar un déficit democrático que viene socavando recientemente la legitimidad de las instituciones ante la propia ciudadanía". Instituciones: españolas, legitimidad: ninguna.

El poder de los imperialistas en nuestra tierra se basa en tener un ejército que subyugó al nuestro y que después viene masacrando periódicamente a nuestro pueblo: a nuestras milicias (Guerras Carlistas), a nuestra cultura, a nuestras leyes, a nuestro idioma o a nuestra idiosincrasia, pero también a nuestra economía (aspecto fundamental de todo colonialismo). Este poder militar institucionalizado es hoy su Estado, no les hace falta tener permanentemente tanques en las calles, les basta con aprobar leyes contra nuestros intereses y después pagar a políticos, funcionarios, policías y jueces que las hagan cumplir.

Democratizar España o Francia sólo tendría sentido si nuestro pueblo hubiera dejado de luchar por ser libre. En caso contrario, si aún no hemos renunciado a nuestro propio Estado -el Estado baskón de Nabarra-, habría antes que solucionar el siguiente dilema: ¿Cómo se ha construido ese Estado que se quiere democratizar? Es evidente que por las armas de ejércitos de conquista, de guerras forales o de alzamientos militares y posteriores dictaduras. Por tanto, para democratizar ese Estado imperialista, previamente, debe de votarse su constitución, es decir, los nabarros deberíamos de aceptar voluntariamente participar de las mayorías y minorías del mismo: y eso jamás ha ocurrido (ni ocurrirá).

“Una ley que determina que es la mayoría quien decide en última instancia el bien de todos no puede edificarse sobre la base adquirida precisamente por esta ley; es preciso necesariamente una base amplia, y esta base es la unanimidad de todos los sufragios” Nietzsche.

La democratización de España empieza por saber quienes quieren constituirla, de ahí la importancia de no participar en sus elecciones que les dan a los imperialistas esa supuesta legitimidad que no tienen (nunca preguntarán directamente quién quiere ser español o francés, pues incluso 500 años después tienen miedo a la respuesta).
La participación en las elecciones que los imperialistas nos montan (con sus leyes, sus censos, su control policial el día electoral, su determinación de quienes pueden participar etc.), sólo tiene sentido dentro de una táctica final de una estrategia mucho más amplia que acabe con la liberación de nuestro Estado y nunca puede ser un objetivo en sí mismo como lo es actualmente para todos los partidos políticos.

La liberación de nuestro país debería de ser el único objetivo de todos. Si lo que se pretende como estrategia es democratizar el Estado español o francés desde nuestra casi nula fuerza (unos pocos escaños en Madrid), para después liberar nuestro país: es que no se entiende la naturaleza del imperialismo o totalitarismo que padecemos y ya no habrá salida de este infierno, podemos abandonar toda esperanza.
“Si suecos o anglosajones pueden, por prudencia, sentido o cálculos políticos, abandonar territorios que obtuvieron o guardaron por la violencia, pero que superan su capacidad de gestión, ingestión y digestión, franceses y españoles son radicalmente incapaces de ello, mientras no han agotado hasta el último extremo los recursos de violencia de que disponen. Su incapacidad para aceptar el derecho de todos los pueblos a la libertad, sus incesantes guerras de conquista, exterminio o depravación los han condenando a ellos mismos, aparentemente con gusto, a también incesantes formas despóticas, absolutistas, asiáticas, militares o burocrático-administrativas de gobierno” (publicación Erresuma).

Donde hay un problema nacional, no hay democracia. Es más, si no hubiera un problema nacional, habríamos dejado de existir para ser alegres españoles o franceses con sus toros o Tours de Francia, con sus selecciones de fútbol o de rugby, y entonces sí, entonces sí tendría sentido el objetivo de “democratizar” esos Estados para que el pueblo pudiera vivir mejor en ellos controlando sus políticos corruptos, jueces elegidos a dedo o leyes ad hoc entre otros muchos elementos “antidemocráticos”.

Pero incluso entonces, la democracia en España, sólo se conseguiría mediante una revolución social que desbancara los poderes actualmente constituidos desde hace siglos y que sólo cambian cuando se regeneran cada cierto tiempo por ley natural, lo cual no tiene visos de producirse jamás ya que el pueblo español no tiene ninguna vitalidad democratizadora demostrada.

Democratizar España o Francia para que reconozcan después su ocupación militar de Nabarra o la creación un nuevo Estado vasco de los sabinianos (que pasaría por cambiar la mentalidad imperialista de todos los españoles y franceses), es un trabajo superior a recuperar la independencia directamente sin ese paso previo. Es más, conseguir democratizarlos, a estas alturas de nuestra historia con tantas derrotas políticas a nuestras espaldas e ideológicamente tan mal preparados (síndrome del colonizado), ni siquiera garantiza nuestra libertad, pues podríamos acabar condicionándolo todo a referéndums imposibles de ganar.

No hubo un referéndum originario para crear los Estados que nos oprimen (ni siquiera tras el franquismo en el que se gestó el actual “segundo franquismo”), ni incorporaciones voluntarias a los mismos de territorios de otros Estados (Bretaña o Nabarra por ejemplo), ni esos Estados imperialistas consentirán referéndum alguno en ese sentido (salvo que tengan claro que lo van a ganar por goleada).

Qué diferente es en realidad el derecho de autodeterminación que tan bien explicó el ruso Lenin: “El derecho de autodeterminación de las naciones significa exclusivamente el derecho a la independencia en el sentido político, a la libre separación política de la nación opresora. Concretamente, esta reivindicación de la democracia política significa la plena libertad de agitación en pro de la separación, y de que ésta sea decidida por medio de un referéndum de la nación que desea separarse”. (Obras Completas, t. XXII, p. 158).

En un país ocupado, el tan careado como incomprendido “derecho” o mejor “ejercicio” de autodeterminación, es la declaración unilateral de independencia: y ninguna otra cosa. Sin autodeterminación no hay pueblo, el pueblo que no se autodetermina diariamente, simplemente, desaparece, deja de “respirar para expirar”. En nuestro caso, nuestra diaria negación a ser españoles o franceses es nuestro ejercicio de autodeterminación. No existe una colonia francesa o española que no se haya independizado por sus propios méritos y tras fuerte resistencia de la metrópoli o tras una guerra de independencia (y han sido muchas las colonias que como nosotros han padecido su explotación y ya no lo padecen).

El derecho de autodeterminación es confundido, incluso por los políticos profesionales, con “el derecho a decidir”, derecho este último de nuevo cuño que es absurdo que sea reclamado por un partido que es creado para participar en un Estado ya constituido (y no previa participación en el mismo) y por tanto acepta con ello que una “mayoría” pase por encima de las “minorías” y de su “derecho a decidir”.

La candidata de la coalición Amaiur a alto funcionario español en la CAV en las próximas elecciones, el 3 de julio ahondó en este tremendo error (u horror): "Queremos empezar por sanear una democracia corrompida. Habrá que poner las bases para que cualquier opción política pueda ser defendida e, incluso, pueda ser llevada a la práctica si tiene el respaldo suficiente. Queremos el derecho a decidir y que ese derecho no se quede en una mera declaración de intenciones".

El derecho o ejercicio autodeterminación, nada tiene que ver con el circo electoral imperialista, está totalmente al margen: nosotros decidimos si nos rendimos y dejamos de ser nabarros o recuperamos nuestra libertad si somos capaces de concentrar nuestras fuerzas, consensuar una estrategia y siempre unilateralmente; no hay que pedir permiso y menos a los imperialistas (incluso si se decide refrendarlo en un referéndum popular posterior, las condiciones de éste se marcarán unilateralmente). Es más, la ONU respalda en virtud a una resolución del Tribunal Internacional de la Haya del 15 julio de 2010, la declaración unilateral de independencia de países como el nuestro.
¿Cuándo nos dedicaremos a Investigar, Desarrollar e incluso a innovar en nuestro camino hacia la ansiada libertad? Es la época de nuestro I+D+i político y no de tareas titánicas de democratizar a los que no quieren ser democratizados (tampoco les interesa). Como dice un amigo mío y un gran patriota: “Es un camino largo, pero también el más corto”.