UN INTRUSO ENTRE NABARROS

UN INTRUSO ENTRE NABARROS
Alots Gezuraga

Martín Azpilikueta “Doctor nabarro” (Barasoain 1492-Roma 1586): «El reino no es del rey, sino de la comunidad, y la misma potestad regia por derecho natural es de la misma comunidad y no del rey, por lo cual no puede la comunidad abdicar totalmente de ese poder».

Llega a su fin la conmemoración del 500 aniversario de la conquista de Alta Navarra cuando aún era un reino o Estado baskón junto a Baja Navarra. En los actos y charlas para explicar lo ocurrido en aquellos años y sus consecuencias actuales, la historiografía nacional nabarra ha barrido a la historiografía de los que se instalaron tras el duque de Alba y que siguen en sus puestos amparados por los virreyes o virreinas de la España colonial. Pero, en esta recuperación de nuestra memoria colectiva, se ha colado un podenco por galgo.

Las últimas jornadas organizadas por Eusko Ikaskuntza del 27 al 30 de noviembre en el Museo San Telmo de San Sebastián bajo el nombre “1512 Navarra en la encrucijada. Perspectivas de la Conquista de Navarra”, han sido un gran éxito con la sala abarrotada de gente, más de 100 nabarros marítimos cada día para oír a nuestros últimos grandes historiadores, continuadores de otros muchos que nos han dejado recientemente o en años no tan lejanos y con los que siempre ha contado nuestro Estado pese a todas las adversidades.

No hay escribano sin borrón, o quizás fue un borrón lo que quisieron hacer los organizadores trayendo a un miembro del “Comité 1512” de la virreina de la Nabarra reducida para seguir retorciendo la historia y jugando con la memoria de nuestro Pueblo. La ignominiosa intervención tuvo lugar el día 28, después de otra de Álvaro Adot sobre los últimos y verdaderos reyes de Nabarra hasta el presente, los Albret o Labrit-Foix, y antes de la intervención del ex catedrático de historia medieval de la universidad de Deusto José Luis Orella Unzué.

En la media hora que duró la burlesque del intruso, la invasión con los miles de muertos y los siglos de represión posterior buscando la minorización nacional, tomaron forma de destino universal, de “autoritario sí” pero “totalitario no”.

El hilo argumental del miembro del “Comité 1512” iba acompañado por unas diapositivas con las que intentaba demostrar el ABC de la historiografía nacionalista española:
- Hispania-España nace con la llegada de los romanos y la constitución de una única provincia administrativa para toda la península.
- Sigue esa unidad en el siglo V con los visigodos que dominan toda la península, pero ahora sin depender en lo terrenal de Roma y con capital en Toledo.
- Los visigodos incluso mejoraron el legado de los romanos pues impusieron la unidad religiosa católica a todos los hispanos tras abandonar la herejía del arrianismo.
- Fernando II, rey de Aragón y consorte en Castilla, era el continuador de los visigodos, por lo que era (es) legítimo recuperar esa unidad rota tras la invasión musulmana. El aragonés consigue “la unidad” tras la conquista (eso sí que admitió el intruso) del reducido reino de Nabarra (lo que ilustró con un mapa en el que desaparecía misteriosamente Baja Navarra, la cual no encaja en su imperio peninsular). Fernando de Aragón quería tener el reino baskón pues su padre Juan, apodado “el Intruso” por los historiadores como el ponente lo es por mí, ya mandó en él como rey consorte, por lo que le era muy apreciado sentimentalmente.
- Es más, ¡la suerte que tuvieron aquellos nabarros de que les conquistara el aragonés! Ya que Aragón era un reino “flexible” (sic.) que acogía en su seno diferentes Estados con los cuales pactaba su integración tras conquistarlos, por ello la unión entre los reinos nabarro y aragonés fue de igual a igual o “aeque principalis” (sic.).

Hasta aquí el cúmulo de argumentos del intruso, veamos qué tienen de realidad.

Los romanos invadieron la que los griegos llamaban hasta entonces península ibérica, para lo que necesitaron varios siglos por la resistencia numantica o kalagurritana de su población, ya que iberia estaba habitada desde hace milenios. La conquista empezó tras las guerras púnicas contra los norteafricanos cartagineses (s. III a.C.), de los que toma la península el nuevo nombre de “Hispania” o “Tierra de conejos”, por tanto lo hispano o español equivale a “conejo” e Hispania o España a “conejera”.

Lo que no hubo jamás es una unidad administrativa peninsular bajo Roma. Durante la época de conquista fueron dos las provincias: Hispania Citerior y Ulterior y tras la definitiva conquista 7: Hispania Baética, Lusitania, Callaecia, Tarraconensis, Carthataginense, Baleares y Mauritania Tingitana (en el norte de África pero dentro de Hispania, que incluso llegaron a ser dos administraciones).

Los visigodos eran invasores germánico-escandinavos que ayudaron a destruir el Imperio Romano Occidental, y es cierto que tomaron gran parte de la península tras su expulsión en el 507 del continente europeo por los francos tras la Batalla de Vouillé, los cuales, por cierto, contaron en la misma con la ayuda de los baskones. Pero los visigodos no tomaron toda la península. Los suevos en el noroeste peninsular se instalaron durante mucho tiempo y los nativos baskones que habían sobrevivido a los romanos se les resistieron. Los visigodos no controlaron nunca, al menos, los territorios del “saltus vaconum” como no lo hicieron después los musulmanes, territorios de las actuales Bizkaia, Gipuzkoa, Alaba, zona media-norte de Alta Navarra y otras del Pirineo, zona toda ellas baskonas y euskaldunes.

Es más, las dos primeras y otras muchas zonas pirenaicas al menos, no eran aún cristianas ni lo serán en los siguientes siglos, por lo que no hubo unidad religiosa peninsular antes del año 1000, nada más y nada menos que 300 años después de la desaparición del último visigodo.

Lo que sí es cierto es la obsesión de Fernando de Aragón por su ascendencia visigoda que provocaba la burla, ya entonces, del propio San Ignacio de Loiola. En Nabarra, el padre de Fernando, Juan de Aragón “el Intruso” (rey consorte que no quiso dejar la corona a su hijo tras la muerte de su esposa, la reina de Nabarra), jugó un nefasto papel que llevó a los nabarros a una prolongada guerra civil y será recordado como un consumado parricida (entre él y su segunda mujer -la madre de Fernando- mataron hasta tres de sus hijos), dejando Nabarra al borde de la ruina. Fernando II de Aragón se casó tras la muerte de Isabel “la Católica” con la hermana del rey de Nabarra, Germana de Foix casi 50 años más joven que él, con la idea de tener descendencia para poder poner un rey de su sangre en Nabarra.

Pero, Fernando de Aragón “el Falsario”, nunca intentó conquistar la potente Portugal para completar la unidad política peninsular y sí el norte de África, la Hispania Tingitana de los romanos (como después haría en el siglo XX otro caudillo español con el mismo hilo argumental).

Lo que no es cierto es que la Nabarra reducida se integrara en Aragón, reino de Fernando II “El Falsario”, pues los nobles castellanos reclamaron su derecho de conquista al que habían aportado más armas y más soldados. Así Fernando “daba dicho reyno de Navarra a la reyna doña Juana, nuestra señora y su hija y desde ahora lo incorporaba e incorporó a la Corona real de los reynos de Castilla, León y Granada”.

La representación teatral de la incorporación tuvo lugar el 11 de junio del año 1515 reunidas las Cortes castellanas en Burgos y en aquel acta nada pone de una integración “aeque principalis”, es más, no hubo presencia Nabarra relevante en la misma y los tres supuestos representantes no pudieron hablar (el Sr. de Cabreita, el abad de Iratxe y el acalde Miguel de Aoiz). Para colmo, el acto fue presidido por el ejecutor material de la conquista en nombre de Fernando, el duque de Alba, odiado en varios países por ser un sanguinario ejecutor de masas.

Acto seguido, se impuso un virrey a Nabarra dentro del modelo colonial castellano (similar al corregidor que ya tenía Bizkaia), supeditado a Fernando. “Aeque principalis” es realidad un término que se remonta a 1645 cuando así lo emplea las Cortes de Nabarra ante el acoso y derribo continúo que padecían los Fueros nabarros, del mismo modo que Esteban de Garibay había hecho en la Nabarra Occidental, y que buscaba la pervivencia de los Fueros sobre la falsa idea de haber sido así pactado con la corona española tras la conquista, frente a la calificación de “privilegios regios concedidos” o el derecho de conquista esgrimidos por los españoles.

En su trabajo “La destrucción institucional y política de la conquista castellana” José Luis Orella Unzué (Nabarralde 2012), doctor en historia, comenta la forma de reinar del aragonés: “Fernando II, al unir a la soberanía de la Corona de Aragón su protagonismo en las tierras de su mujer Isabel, comprobó que el liderazgo castellano fruto del monta tanto era más eficaz que el pactismo aragonés, por lo que paulatinamente fue actuando en todas sus acciones políticas nacionales e internacionales al estilo castellano”, ¿qué cómo era éste liderazgo castellano?, como dice el propio Orella Unzué la familia Trastamara era “una dinastía castellana de tradición absolutista”.

El nabarro J.L. Orella Unzué, profundo estudioso de esta época, califica la situación en la que quedó la Nabarra reducida en 1512 (Alta Nabarra) como una “incorporación híbrida”: con elementos propios de la corona pirenaica como la pervivencia de las Cortes o el Concejo y sobre todo de los Fueros nabarros o derecho pirenaico, pero con muchos elementos de la corona de Castilla: la centralización y el absolutismo del poder, centralización de las relaciones con otros Estados, la imposición de castellanos en todos los cargos religiosos importantes del país así como en los civiles y, como no, la presencia permanente de tropas imperiales con soldados castellanos acantonados en la ciudadela de Pamplona -creada ex profeso y en régimen de esclavitud para en control de los naturales-, por tanto, lo que hubo fue la NO aceptación del pactismo. Además, como dijo uno de los ideólogos de los Reyes Católicos, Antonio de Nebrija, «La lengua siempre fue compañera del imperio», por lo que se impuso el castellano sobre la “lengua navarrorum” y el romance navarro.


El colmo de la charla del intruso del “Comité 1512”, fue el intento en los últimos minutos de denostar la figura del gran Martín de Azpilikueta (Barasoain 1492-Roma 1586), insinuando que no se opuso lo suficiente a la conquista. Martín de Azpilikueta vivió la aniquilación de la independencia del Estado de Nabarra, y explicaba que desde entonces: «Cuando me preguntan de dónde soy y les digo que soy de Nabarra, luego les tengo que explicar dónde está y qué fue de aquella nación»

Fue llamado el «Doctor Nabarro» y era tío del patrón de Nabarra y del euskera San Francisco (Frantzes) Xabier. Martín fue jurisconsulto de 3 papas entre sus numerosos cargos y títulos. Azpilikueta, en su Carta Apologética, señalaba las cuatro acusaciones que le hacían y por las que se jugaba, no ya su cargo, sino su vida:

1º Declarar injusta la posesión de Nabarra por el rey de España.
2º El odio a su persona por Felipe II, por lo que Martín estuvo en la Corte de Portugal (como San Francisco de Xabier), rey que se opuso a su nombramiento como cardenal por el papa Pío V, hasta por dos veces.
3º. Ser amigo de Francia y de su cultura (enemigos de Roma).
4º Ser partidario de los reyes legítimos de Nabarra: los Labrit o Albert-Foix.