LA DESMEMORIA SELECTIVA DE LOS POLÍTICOS

LA DESMEMORIA SELECTIVA DE LOS POLÍTICOS
Alots Gezuraga

Cualquier persona o país necesita tener claro quién es y hacer un análisis de su situación real, saber de dónde partimos, en qué punto de nuestra experiencia vital estamos para poder seguir adelante y poder tomar las decisiones correctamente (autodeterminarnos).

Sin embargo, decía durante la última campaña electoral la cabeza de lista de uno de los partidos que se presentaban que su partido “no tiene un punto de vista historicista, ni creo que sea un argumento fundamental nuestra historia, sino la voluntad actual de los propios ciudadanos de decidir cómo y con quien vivir”. Lo de la voluntad popular es de Perogrullo, pero lo que no se da cuenta este político/a profesional, es que la voluntad de un Pueblo es la derivada de la primera parte, de su historia.

El diccionario Larousse define “Historia” como: “Ciencia que estudia los sucesos protagonizados por los seres humanos en el pasado, para explicar sus causas y mostrar sus implicaciones políticas, sociales, económicas y religiosas”. Un político que diga que no le interesa la historia, es como un matemático al que no le gustan los números.

La realidad es que conocer la historia de tus mayores (de tu Pueblo) y la más cercana, es imprescindible para todo político, pues si no tienes claro el punto en el que estás es imposible llegar a ninguna parte, aunque lleves una buena brújula (hacer la prueba). Un Pueblo sigue a los que ve como sus líderes, hasta que termina de darse cuenta de que le conducen sin rumbo o dando vueltas en círculo.

Es más, estas declaraciones no se atienen a la realidad, pues las mismas elecciones en cuya campaña se dijo esta frase: ya son historia; ETA ya es historia, las ilegalizaciones de partidos ya son historia, los GAL ya son historia, el Gobierno del Lehendakari Agirre ya es historia. Sin embargo, todos ellos han estado presentes en la feria electoral como arma para la caza del voto.

Para ver la importancia de la historia, podemos ver qué pasa cuando ignoramos parte de esa historia, llamémoslo “desmemoria selectiva”.

La desmemoria selectiva lleva a hacer sumas, al día siguiente de las elecciones, como la de cuantos “escaños suma la izquierda” en el parlamento de Gasteiz. ¿Qué izquierda, la de los GAL, la de Zapatero, la de las ilegalizaciones? ¿La que impone los recortes sociales de los pufos españoles a los trabajadores vascos? ¿Será eso la solidaridad obrera? En ese caso, ¡qué curioso que siempre sea en la misma dirección!

Así lo decía uno de los padres del socialismo, Lenin: “El proletariado no puede dejar de luchar contra la retención violenta de las naciones oprimidas dentro de las fronteras de un Estado dado, y eso significa luchar por el derecho a la autodeterminación. El proletariado debe reivindicar la libertad de separación política para las colonias y naciones oprimidas por “su” nación” (Obras Completas, t XXI, p. 160). Lenin consideraba el derecho de autodeterminación previo al socialismo, y no al revés. Desmemoria selectiva del ideario socialista.

La desmemoria selectiva de la historia de nuestro idioma lleva decir, en plena campaña, “que por mucho que el euskera sea nuestro idioma, no se puede imponer” cuando en una adjudicación de una obra pública se pide un número mínino euskaldunes entre los jefes de obra (frente a todos que hablan español, al parecer, “sin imponérselo nadie”), en vez de decir que es necesaria la “normalización” del idioma de los vascos, la normalidad con la que lo hablaban todos los días nuestros abuelos, del mismo modo que se habla español en España, Francés en Francia, ruso en Rusia sin que nadie en esos países hable de que se esté “imponiendo” el idioma. ¿Acaso alguien cree que nos “convencieron” a los vascos o catalanes a hablar estos idiomas extranjeros? Lauaxeta, poeta y capitán de gudaris, asesinado en 1937, todavía decía: “El conocimiento del idioma nacional es el culpable de nuestro escaso dominio del idioma extranjero”. La situación actual de nuestro idioma, también es historia.

La desmemoria selectiva, hace que el que tres meses antes no quería sentarse siquiera a hablar contigo porque no te necesitaba o porque te había “ilegalizado” (poniendo el interés nacional de su nación muy por encima de lo social o de políticas transversales de izquierdas), ahora sea tu interlocutor válido para llevar a cabo políticas sociales conjuntas para nuestro país. La desmemoria selectiva nos lleva a ver un amigo en el que es y se comporta como nuestro enemigo, el cual ni siquiera te reconoce como sujeto político.

La desmemoria selectiva hace que se pida tras las elecciones al otro que “no mire a Madrid sino a Euskal Herria” cuando uno ocupa varios escaños en la Corte española desde hace unos meses y se entrevista con el Jefe de ese Estado imperialista y de sus Fuerzas Armadas. Jefe de Estado el cual acepta sin muchos problemas la reunión, pues sabe que con esta foto, ante la comunidad internacional, el “problema vasco” sigue siendo un problema “nacional” (español), dándoles una palmadita en el hombro a la espera de una mejor oportunidad para seguir la represión contra ellos y de paso contra todo el pueblo vasco. Etc. etc.

Es decir, ¿no nos interesa la historia, o aquella parte de la historia que molesta a nuestros intereses como partido político legal en España? ¿Qué parte de la historia molesta a todos los partidos (enarbolen banderas vascas o españolas también)?

Curiosamente, la parte de la historia que más molesta a todos ellos, es la parte de la historia en la que los baskones éramos libres bajo el amparo de las instituciones propias del Estado de Nabarra. Libres frente a cualquier amenaza exterior: teníamos nuestros diplomáticos, ejército y milicias, y libres frente al gobierno propio (democracia): aplicábamos los Fueros del derecho pirenaico. Estado baskón de Nabarra que está invadido, sojuzgado, troceado, humillado, vaciado de poder, aculturizado y colonizado, como lo estamos todos los baskones o nabarros, es historia pero sobre todo es nuestro triste presente del que partimos.

La desmemoria selectiva del Estado de Nabarra, hace que no se acuerde uno de lo que es tener un Estado propio (y por tanto padecer un Estado extranjero) lo que lleva a todas las frases contradictorias que he mencionado e incluso otras de diccionario como querer “más” soberanía y “más” Estado vasco, como si uno pudiera ser “moderadamente soberano” o tener cuarto y mitad de Estado, vamos, como si uno pudiera estar “un poco embarazado”.

“La historia dicen los historiadores americanos J. Applebi, L. Hunt y M. Jacob, es a las sociedades lo que la memoria a los individuos. Proporciona a una colectividad el elemento de cohesión que la conforma, de la misma manera que la memoria individual conforma la personalidad del individuo. No es una cuestión baladí la percepción histórica que un Pueblo concreto tenga de si mismo. De hecho el poder busca imponer a sus dominados la visión histórica que interesa a los dominadores.” J.M. Unzueta, pensador nabarro. Es decir, si no quieres saber tu historia, otro te contará como fue contra tus intereses políticos y sociales.

El querer ignorar parte de nuestra historia de manera selectiva, hace que hablemos de democratizar el totalitarismo imperialista que nos sojuzga por ser “de baja calidad” (otra vez estamos “un poco embarazados”), de aceptar la partición de nuestro pueblo según pudo y quiso el que lo invadió convirtiéndolo en un “demos” donde se aceptan las instituciones imperialistas y al que corresponde un “derecho a decidir” de nuevo cuño y sin jurisprudencia internacional alguna, contra lo que hicieron los 200 Estados actuales, los pasados y los que se crearán: autodeterminarse (que poco o nada tiene que ver con el neonato “derecho a decidir”)…ignorar nuestra historia: nos lleva a un viaje a ninguna parte.

Ya lo dijo en el siglo XIX Hermilio Oloriz, cronista de Nabarra: “Antes de leer historias de extrañas gentes, estudiad la de vuestro Pueblo”.