EL 12 DE OCTUBRE NO HAGAMOS EL INDIO

EL 12 DE OCTUBRE, DÍA DE LA RAZA ESPAÑOLA
Alots Gezuraga


“España tenía dominios allende los mares, predominó y debió predominar Castilla, el pueblo central, el más unitario y más impositivo, sí, pero el menos egoísta. Gran generosidad implica el ir a salvar almas, aunque sea a tizonazos” Miguel de Unamuno.

Llegó el europeo Cristóbal Colón a una pequeña isla del Caribe el día 12 de octubre del año 1492 y “descubrió” todo un continente, en el cual vivían para entonces 80 millones de seres humanos. Entre los años 1918 a 1958 celebraron los españoles la gesta del navegante italiano llamándolo el “Día de la raza española” (sic.), incluso durante la hoy tan ensalzada Segunda República Española.

En ese año 1958 el 12 de octubre pasó por ley a ser el “Día de la Hispanidad”, tras una orden del Caudillo español Francisco Franco (las leyes las redactan los vencedores a los vencidos), no porque la expresión “raza española” le pareciese racista al insigne dictador, sino porque quería el ferrolano hacer extensiva la celebración del feliz ochenta millones y un “descubridor” de América a todos los Estados americanos que habían decidido hacía tiempo independizarse de la madrastra España (1814-1898). De hecho, el segundo libro del Caudillo y “faro de occidente” publicado en 1942 bajo el seudónimo de “José Andrade”, se llamó precisamente “Raza (española)”; se trataba de una novela histórica de ficción basada en unos descendientes del navegante y cartógrafo mutrikuarra Cosme Damián Churruca durante las Guerras Carlistas y la Guerra que acababa de ganar el gallego. Por tanto, parece que para el régimen dictatorial el RH español era negativo. De la novela se hizo después la película más representativa del franquismo, a imitación de su homólogo alemán.

Murió Francisco Franco tranquilamente en su cama a diferencia de todos los demás dictadores europeos el 20 de noviembre de 1975, en olor a multitudes que aplaudían sus “grandes” logros: hoy España, con 114.000 “desaparecidos” tras la represión fascista, es el segundo Estado del mundo con más cadáveres en las cunetas tras Camboya. Aunque se introdujo de nuevo la partidocracia en España, en el año 1982 se reafirmó el nombre de la conmemoración. Se hizo mediante un Real Decreto ejecutado por el régimen que dejó instaurado y bien atado el ferrolano, ampliándose el mismo a «Fiesta Nacional de España y Día de la Hispanidad». Pero lo curioso (más bien no) del día “Nacional de España y de la Hispanidad”, es que sólo lo celebran los españoles, por tanto, el nombre lógico sería el de “Fiesta Nacional de España”.

¿Por qué los Estados americanos no quieren celebrar junto a los españoles el “Día de la Hispanidad” instaurado por el dictador español? La clave está en la frase “hacer el indio”. La frase hacer el indio hoy es sinónimo de comportarse de forma bromista con la intención de hacer reír a los demás, pero el sentido primigenio de la frase es bien distinto. El diccionario de María Moliner lo recuerda: “engañar a una persona como a un indio significa engañarla con facilidad y sin despertar en ella la menor sospecha». Según explica Ramón J. Sender en su libro “Túpac Amaru”: “los criollos habían troquelado una expresión que expresaba cualquier clase de resignación vergonzosa ante el oprobio: hacer el indio”. Es decir, “hacer el indio” era sinónimo de asumir sin rechistar las humillaciones.

La explicación del significado primigenio de la frase va concatenada a la “leyenda negra” de los españoles, la cual en realidad no es una “leyenda”, como no lo es holocausto nazi o el genocidio sistemático de Stalin de las minorías étnicas de la URSS que le resultaban molestas. Lo que ocurre es que cuesta asimilar en los tiempos actuales semejante barbarie. Ocurrió que los teólogos y soldados de la Corte de España que siguieron a Colón tenían remordimientos y temían quemarse en el infierno por robar tierras americanas que ya tuvieran un propietario. Por eso, antes de cada batalla, un clérigo en escrupuloso latín o a veces en castellano, desde una colina o desde el propio barco, leía un documento pontificio según el cual, si los indios no se sometían pacíficamente, eran ellos los culpables de "las muertes y daños que de ello se siguiesen", y encima un notario levantaba acta. Al parecer dios, mediante su representante en la tierra o papa de Roma, había concedido aquellos territorios a los Reyes Católicos españoles y los indios americanos eran unos ocupas.

Claro, a los indios se le quedaba cara de pasmados ante todo aquel espectáculo de cruces, de caballos (animal que no conocían) y sobre todo de soldados hablando una lengua lejana y extraña y por ello “hacían el indio”. Los españoles creían o decían que los americanos no tenían alma y de ahí que no les remordiera la conciencia matarlos. Pero, tras la ocupación militar de gran parte del continente, descubrieron que un poquito sí que tenían y la Iglesia católica se ocupó de ella. Así, en vez de matarlos, a través de la "mita" se les obligaba a los indios a trabajos forzosos en beneficio del imperialismo español y de su metrópoli, en régimen de esclavitud. Esclavitud que duró hasta 1898 y sólo gracias a que Cuba se independizó, por su puesto contra la voluntad de España, presta a seguir con la explotación del país y de sus gentes, exactamente igual que pasó en el resto de sus colonias (importante lección que no hemos aprendido).

El duranqués Fray Luis de Zumarraga contó en un solo año el exterminio de 600.000 personas por los españoles en México. Cuenta el teólogo perseguido y expulsado por la Curia Vaticana Leonardo Boff en su libro "Cómo celebrar el Quinto Centenario", que: "Cuando Hernán Cortés entró a la meseta de Anaguaqui, en México, en 1519, habían 23.200.000 habitantes de las diferentes culturas de la región: aztecas, olmecas, toltecas, mayas. En 1593, de los 23.200.000 sólo quedan 1.700.000”. Lo que da una media de 290.000 indios asesinados por año. Lo que es negro no es la leyenda, son los hechos. Nadie ha superado estas macabras cifras de muertos (ni Franco), que lo son más si se tiene en cuenta que no existían bombas, cámaras de gas o armas de destrucción masiva, y que estas escandalosas cifras no son debidas a “epidemias” traídas por los europeos como se quieren justificar.

En la conquista de América murieron 60 millones de amerindios de los 80 que habitaban el Continente a la llegada de Cristóbal Colón (los nazis mataron a 6 millones de judíos en sus cámaras de gas). Ya en aquella época, el sevillano Fray Bartolomé de las Casas (1474-1566), denunció las atrocidades de sus compatriotas. El vitoriano Jerónimo de Mendieta (1525-1604), enviado a redactar a mediados del siglo XV "La historia del evangelio en México", escribió al respecto: "La desenfrenada codicia de los españoles que no paraban ante nada con tal de saciar su codicia, oprimiendo al indio y reduciéndolo a la condición de mala bestia". La obra fue censurada y no se publicó hasta 300 años después y sólo en un México ya liberado de las cadenas.

El expolio realizado por los españoles es también el mayor que ha sufrido jamás un territorio conquistado, con 23.000 toneladas de oro llevados a España en los primeros 150 años de horrores. Ya lo había adelantado el italiano Nicolás Maquiavelo (1469-1527) viendo las atrocidades y la rapiña en la conquista de Nabarra (1512-24) y en la península itálica: “Los españoles, por el contrario, ocultan y se llevan cuanto han hurtado, de tal suerte que no se vuelve a ver nunca nada de lo que han hurtado”.

Por ello, el 12 de octubre de 1986, los representantes de las naciones indias aymará, kolla, kamsá, kuna, maya-cakchiquel, purépecha y quechua, ante la Comisión española del V Centenario dijeron: “… Estamos presentes para decirles qué significa para nosotros el 12 de octubre: el inicio de la usurpación de los derechos de los pueblos indios y la imposición de una civilización europea única. (…). Estamos aquí para demostrar que nosotros, descendientes y herederos de aquellas naciones territorialmente invadidas y políticamente colonizadas, estamos volviendo a organizarnos con nuestros propios valores para volver a ser lo que fuimos antes de la colonización: ¡Libres!”. Si cambiamos la fecha por la del 19 de julio de 1512, día en el que las tropas del duque de Alba entraron por la Sakana, todos los nabarros firmaríamos este texto.

El cambio de significado de la frase “hacer el indio” de “dejarse” pisotear a hacer el payaso, también tuvo un componente racista. Miguel Martorell, profesor de Historia Política y Social de la UNED explica que “En Huelva se organizó en 1892, con motivo del cuarto centenario del descubrimiento (sic.) de América, un gran desfile naval. Como los integrantes de uno de estos desfiles debían ir vestidos de época, contrataron a varios ciudadanos para que hicieran de indios y fueron objeto te todas las mofas de la ciudadanía”. De ahí la frase "hacer el indio" en su sentido actual. Y como a los "indios" les pagaban 10 pesetas, es decir, dos duros, de aquella ocasión, proviene también la frase "anda y que te den dos duros".

Pues eso: anda y que les den dos duros con su “Fiesta Nacional de España y Día de la Hispanidad” impuesta por su caudillo, anterior día de la “Raza española”, y mandémosles de una vez por todas a “hacer el español” del Ebro para abajo.